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Abderramán II (792-852) fomentó las ciencias, las artes, la industria y la agricultura. Ordenó importantes obras públicas como canalizaciones de agua o la primera ampliación de la gran Mezquita. En su época se introdujo el sistema decimal de numeración y acuñó las primeras monedas de Qurtuba. Dotó a la administración de personas capaces e hizo que una próspera Qurtuba acogiera sabios y artistas, comenzando la época de esplendor andalusí. Atrajo a Córdoba a los más ilustres sabios de su época y cultivó personalmente la poesía. Abderramán era también perdidamente mujeriego y nunca tomaba a ninguna que no fuese virgen, aunque superase en hermosura y excelencia a las mujeres de su época. Tuvo 50 hijos varones y otras tantas hijas.


En esta época los esclavos vivían en la sociedad de Al-Andalus como en todas las sociedades araboislámicas. Había esclavos francos, gallegos, bereberes y negros. También diversos tipos: eunucos para guardar el harén, esclavos para trabajar en casa y también esclavas de harén. Entre éstas, las de músicas y cantantes tenían un papel particular y costaban más caras. Igualmente, la predilección por las rubias de ojos azules era causa de que el mercado de esclavas constituyera uno de los negocios más rentables de los Omeyas, a cargo de traficantes que pregonaban las virtudes y cualidades de la mercancía humana que vendían y que, según su calidad y procedencia, se valoraba así: Las bereberes, voluptuosas. Las europeas (rumíes), buenas administradoras. Las turcas, engendradoras de hijos valientes. Las etíopes, las mejores amas de cría. Las árabes, buenas cantantes. Las de Medina, elegantes. Las persas, coquetas. Otras eran conocidas como cantantes y poetisas.
Antes de que Córdoba contase con su propia escuela de música, los andalusíes solían importar cantoras de Oriente, en especial de La Meca o de Medina. La llegada a Al-Andalus del iraquí Ziryab (siglo IX) procedente de Qayrawán y Bagdad, imprimió un impulso definitivo a la tradición oriental, siendo considerado como el fundador de la escuela musical andalusí. Se crearon en Córdoba las primeras escuelas de esclavas-cantoras, de las que formaron parte sus propias hijas: Ulayya y Hamdûna. Córdoba era el centro de estas escuelas a las que se dirigían aquellos emires musulmanes y reyes cristianos que solicitaban sus servicios. Se incorporaron esclavas y libertas literatas y escribanas al servicio directo del soberano y de la casa real. Dice al-Makkarî en su libro Fragancia de perfumes de la tierna al-Ándalus que Ziryab era hombre de amplia cultura y gustos refinados, que le convirtieron en el árbitro de la moda de la corte cordobesa.
Ziryab inventó nuevas formas musicales y sobre todo desarrolló un nuevo método de enseñanza del arte del canto, base de una escuela mantenida y desarrollada durante varias generaciones. Este método iba especialmente dirigido a la formación de cantoras, entre las cuales cabía distinguir dos clases: las de familia noble, quiyán, y las esclavas, las yawarl, que eran mayoría y a las que se educaba para posteriormente venderlas.
Así Abderramán II hizo traer a su corte a Fald, (educada como esclava de una princesa del califa de Bagdad). Llegó desde oriente como cantante a la corte, junto con Alam y Qalam al-Baskunsiyya (la vascona), que procedían de la escuela clásica de Medina y eran llamadas las medinesas. La tradición de esclavas-cantoras orientales se intensificó con Abderramán II, quien les dedicó uno de sus palacios, Dar al-Madaniyyat, la casa de las medinesas, destacando entre ellas Faql y Qalam.
Qalam, reconocida cantora e instrumentista y alumna de al-Mawsill, fue comprada por el califa al-Wátiq bi-Alláh después de oírla cantar. Generalmente las quiyán y las yawarl iniciaban su carrera musical en Bagdad, ciudad que pasó a convertirse en foco y trampolín no sólo de la poesía, sino también de la música durante la época abasí.
Qalam era una cantante formada en Medina, no era de origen oriental, vizcaína, traída muy joven todavía de Navarra. Tras una expedición en el norte de la península, había sido llevada a Medina y llevó con ella criados al oriente, donde pasó por todas las etapas de la educación que debían recorrer las futuras cantantes. Llegó a ser hábil en el canto, en las letras, en la escritura y especialmente dotada para memorizar versos.
Fue comprada posteriormente por Abderramán II, que debió apreciarla mucho, puesto que a pesar de su larga estancia en Oriente había mantenido la tez de las rubias que tanta seducción sabemos ejercía en los Omeyas de Al Andalus. Quedó embelesado con sus canciones acompañada de instrumentos que ella misma tañía y, además, escribía poemas que recitaba con voz melodiosa. Tal efecto causó, que a su vuelta, el emir, prendado de sus dotes artísticas, la tomó como esposa y fue la madre de su hijo Abü al-Walld Aban. Se distinguía por la perfección del canto, exquisita elegancia y pulcra urbanidad y dulzura. Según el historiador Al-Makari, se habla de que era erudita, una excelente escriba, una historiadora de la poesía, una recitadora de historias, bien versada en las diversas formas de literatura educada, y dedicada a la música (al-samd). Se dice que en este arte alcanzó "el punto más alto de excelencia y habilidad, junto con la dulzura de la voz". Ibn'Abd Rabbihi tiene un poema en su honor. Ella tenía a Ziryab como maestro.

 

 

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