Restaurante Bandolero

 

De todo lo visto en política, pocas cuestiones tan bochornosas y vergonzosas pueden recordarse a la altura del boicot que sufrió Luis Planas Puchades (Valencia, 1952) cuando intentó disputarle el puesto a Susana Díaz en las primarias a la secretaría general del Partido Socialista de Andalucía. El exconsejero y antiguo embajador ante la UE y el reino de Marruecos recibió uno de los tratos más sectarios que un militante de un partido puede esperar de su dirección. No ya se le negó toda posibilidad de competir. Es que se dispuso todo lo posible para que ni siquiera se le abrieran las puertas de las sedes o que tuviera los recursos básicos para hacer saber a la militancia la existencia misma de su candidatura.
Imagino el ardor de estómago de la estructura andaluza y cordobesa ante el anuncio del nuevo ministro de Agricultura, un hombre de trato exquisito

que durante una fase de su vida fue aparato en su condición de presidente del partido en Córdoba, allá por los noventa. Planas mostró siempre independencia de criterio como cuando hizo saltar por los aires, desde el Gobierno andaluz, el acuerdo negociado bajo mano para legalizar las naves de Colecor impugnando el plan especial al que el PSOE le había dado su voto favorable. Nunca fue uno de los suyos, ni estaba invitado a la fiesta.
Que Planas conoce la materia en la que se ha designado dentro del Gobierno cuqui del presidente Sánchez es evidente. En dos ocasiones fue consejero de materias agrícolas y pesqueras con Manuel Chaves y José Antonio Griñán. Sin embargo, donde presenta sus puntos fuertes es en política comunitaria. Es de esos cargos políticos que conocen la estructura europea por haber estado en las cocinas de Bruselas como jefe de gabinete de Manuel Marín y Pedro Solbes y el mayor representante de la diplomacia española ante los despachos del poder comunitario. Se puede asegurar que la industria agroalimentaria ha respirado aliviada ante la elección. Saben lo que se puede esperar de un hombre que lleva 36 años de carrera política.
De los tres cargos andaluces, ninguno forma parte del ADN de los «susaners». María Jesús Montero no tiene el perfil de los biológicamente socialistas (de la cuna a la sepultura) ya que procede del mundo del PCE. Del PSOE, sí, pero de otro rollo del que ahora manda en la comunidad autónoma. Planas, se ha dicho, sufrió en carnes propias las iras de la presidenta andaluza cuando osó decir en público un hecho evidente: reunía mejores condiciones como servidor público para tomar las riendas del PSOE. Carmen Calvo nunca ha ocultado que determinados puntos de vista de la dirección andaluza y provincial no son de su agrado, dicho todo ello sin mayores alharacas. Complicado es encontrar en la hemeroteca una frase de la ya vicepresidenta donde se meta en camisa de once varas, y mira que charla. Hay que anotar más sus ausencias y sus presencias en los actos, los apoyos que ha trabado en las sombras. Eso que el PSOE cordobés siempre quiso, ser cantera de altos cargos, ha pasado de peculiares circunstancias. Sin su concurso. Los dos ministros que tienen la militancia en agrupaciones de la provincia resulta que han sido ninguneados, cuando no maltratados, por no formar parte de la mayoría, donde la disidencia nunca se ha visto como constructiva sino como traición al «oficinismo» partidario.
Nada distinto de lo que ocurre en otras siglas aunque, en este caso, con acceso al BOE. Cosa que siempre pone.
Un sanchista cordobés (sí, los hay) contaba entre risas esta misma semana que nunca había tenido más llamadas de afecto que desde el triunfo de la moción. Los mismos que ordenaron que se hiciera el vacío parecen intentar recolocarse buscando un hueco en esa realidad evidente de que el inquilino de la Moncloa vuelve a ser socialista con los resortes de poder que ello conlleva. El presidente Sánchez ha tangado a Podemos y a los partidos catalanistas más guerrilleros al pedirles el voto para su presidencia, prometer otra forma de hacer las cosas y nombrar un Ejecutivo con el que se pueden sentir cómodos muchos votantes de Ciudadanos y del PP. Hay que ser membrillo para no cerrar unas condiciones previas al «sí», cosa que Sánchez ha aprovechado para exhibir sus credenciales electorales. Porque esa es la clave. Dado que el Gobierno cuqui no tiene grandes posibidades de estar mucho tiempo en el cargo, es en las próximas listas donde se encuentra la clave de bóveda del asunto. Si Ferrar no ha tenido empacho en colocar a quien le ha salido de las meninges al presidente, ¿alguien se cree que va a permitir que se pasteleen las listas al Congreso y el Senado? ¿De verdad alguien puede imaginar que esto que está ocurriendo en los despachos institucionales no se va a trasladar alguna vez a los órganos del PSOE andaluz?

 

 

Agencia Idea