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Y cuando se haga efectiva la declaración como Patrimonio Mundial, ¿hacia dónde tiene que ir Medina Azahara? Ningún monumento está parado en el tiempo, pero mucho menos un conjunto arqueológico en investigación constante que apenas tiene excavado un 10 por ciento de toda su superficie y del que queda aún por conocer mucho. ¿Qué tiene que suceder en el futuro? ABC ha preguntado a arqueológos y expertos en conservación del patrimonio para que den su opinión de por dónde habría que seguir trabajando para el conocimiento de un ciudad califal única en Europa en un muy buen estado de conservación. Desiderio Vaquerizo, catedrático de Arqueología de la Universidad de Córdoba, recuerda que «Medina Azahara es en sí misma un yacimiento de dimensiones y complejidad extraordinarias» y como tal necesita «inexcusablemente» de lo que él llama una gestión integral,

que tiene que reunir todos los aspectos en los que hay que trabajar en un conjunto arqueológico como éste. Es decir: «Investigación, protección, conservación, difusión e internacionalización». Para Desiderio Vaquerizo, Medina Azahara no se puede entender como un conjunto arqueológico disociado del que él llama «el yacimiento matriz». Es decir, la ciudad de Córdoba, de la que forma parte también. Para el catedrático, es fundamental además la difusión y que los cordobeses sientan a la ciudad califal de Abderramán III como algo propio. Desiderio Vaquerizo insiste en que la declaración de Patrimonio Mundial, que la Unesco tiene que hacer efectiva este verano, debe ser «no un fin en sí mismo, sino como un medio para afianzar un modelo de intervención que busque el equilibrio entre todas las variables». En el futuro, entonces, según su punto de vista, tendrían que darse la mano las tareas de investigar, proteger, conservar, difundir e internacionalizar. Y aquí no es menor el empeño dé que haya colaboración entre las distintas instituciones, de loque se tiene que beneficiar el yacimiento. «Creo, de hecho, que se está ya en ese camino; muy acertadamente», concluyó. Durante años se ha dicho que excavar en Medina Azahara no sería prioritario en los próximos años, en que más bien hay que conservar y divulgar lo que ya está fuera. A ello se suma el director de la Oficina Arqueológica Municipal de Córdoba, Juan Murillo: «¿Excavar? Ni usted ni yo lo veremos». Porque una excavación arqueológica, recuerda, no supone sólo el trabajo de ahondar en la tierra para buscar restos, sino también la investigación y conservación de lo quese encuentra. Incluso da una cifra por cada euro que se invierte en excavar, hay que destinar otros diez. La última excavación significativa que se hizo fue a mediados de la década pasada, en que se encontró una mezquita en el exterior de la ciudad califal, por la zona sur. El Ministerio de Cultura financió aquellos trabajos, que concluyeron poco antes de la crisis económica, y que costaron 600.000 euros sólo en sacarla a la luz. Si se cumplen las cifras que aporta el arqueólogo municipal salen seis millones de euros para una superficie de apenas 450 metros cuadrados. En un conjunto de 10,5 hectáreas, es decir de 100.000 metros cuadrados, de los que apenas ha emergido el 10 por ciento, las cifras pueden ser astronómicas. Por eso los últimos directores insistieron en que lo prioritario era el trabajo con los elementos actuales.

Investigación
A excavar en el futuro no se niega el que durante 28 años fue su director y que siendo una de las grandes referencias en su conocimiento y estudio. Antonio Vallejo cree que es algo que no sucederá a corto plazo, pero «sí en el medio y en el largo plazo», pero para eso se tienen quedar las condiciones adecuadas. «Se quiere que aflore más yacimiento», pero las excavaciones sólo se darán si las circunstancias son apropiadas. Es decir, si además de invertir en el trabajo de buscar se haga en la necesaria investigación y conservación de lo que se encuentre. Vallejo da una idea de la que ya se ha hablado, pero que todavía no se ha llevado a la práctica: la conexión entre el museo y el yacimiento por un camino. Cuando se estaba levantando el centro de interpretación se habló de recuperar la ruta que debieron de llevar casi siempre los que iban desde Córdoba hasta Medina Azahara, y que avanzarían hasta la zona más baja.
En la actualidad las visitas comienzan por el lado contrario, es decir, por el norte, que es donde llevan los autobuses. Para los que llegaban hasta la ciudad construida para la residencia de los califas de Córdoba, era al contrario. «El museo está en uno de los caminos que llevan desde Córdoba hasta Medina Azahara y se puede profundizar en él, porque además se conoce su trazado» y recuperar mediante una excavación lo que quede de él. Esto no sólo serviría para que el conjunto arqueológico se pudiese conocer y percibir mejor por parte de los visitantes, sino también para alum brar nuevos hallazgos. Para empezar, recordó, la puerta sur, la que daba acceso a Medina Azahara, tiene que aparecer en estos tra bajos. Vallejo se mostró partidario de que esto se haga, pero también de cuando se realice sea «con planificación» y también con tina excavación que tenga una estrategia de conservación» de lo que tiene que salir a la luz. Lo que se haga en Medina Azahara, precisó su antiguo director, servirá no sólo para conocer el yacimiento en sí mismo y cómo era aquella ciudad única en Europa, sino que también aportará información sobre la vida y la historia del califato. María Antonia Martínez es profesora de la Universidad de Málaga y especialista en la epigrafía árabe de Al Andalus, y en este ámbito, que participa de la arqueología y de la filología, ha estudiado las inscripciones encontradas en Medina Azahara. Cree que sí deben hacerse más excavaciones, «pero siempre que se pueda garantizar la preservación de lo excavado en condiciones óptimas». Para ella es imprescindible proseguir con la línea actual y «continuar la labor científica y de investigación, sistemática y multidisciplinar» que se hicieron con distintos proyectos de I+D en la etapa de Antonio Vallejo como director, y que supusieron «un avance sustancial» para conocer la ciudad califal. Juan Murillo, el director de la Oficina Municipal de Arqueología, insiste en que su «opinión pe'rsonal» en que las excavaciones «no son lo que hay que esperar en las próximas décadas», aunque se pueden hacer «algunos proyectos de investigación muy meditados», pero no debe ser lo general. Porque hay que tener en cuenta, como dice el arqueológo, que «excavar también en parte es destruir el yacimiento». Lo compara con un archivo, en el que pará encontrar algunas hojas se destruyen otras. Una paradoja. Es más, ahora casi no sería necesario hacerlo, porque hay formas de conocer lo que hay debajo del suelo sin necesidad de hacer una campaña para excavar, al menos de la forma en que se hicieron sobre todo hasta los años 60. «Ahora hay estudios geofísicos para el conocimiento de la tierra y georradares, que permiten conocer mucho sin necesidad de tocar nada. Excavar es una enorme responsabilidad que se debe hacer para situaciones muy. concretas», insiste. Para eso, el estudio geofísico funciona como actúa como el TAC, que permite observar los órganos de un paciente, o como la ecografía que se aplica a la piel. Así también se tiene que hacer en el futuro. La ciudad palatina en el futuro tendrá un trabajo y una forma de percibirse distinta a lo anterior. Juan Murillo recuerda cómo en un momento dado, cuando apareció el Salón de Embajadores o Salón Rico, ahora a la espera de la fase decisiva de su restauración, lo hizo con muros que no llegaban al metro de altura, además de numerosos restos de atauriques.

Anastilosis
La solución en aquel momento, cuando el criterio era distinto al de hoy, fue optar por un procedimiento ahora prohibido: la anastilosis. Es decir, emplear la nueva construcción para recrear lo que fue en 91 pasado, con elementos que no sehan encontrado. Es lo que se hizo en el Salón Rico, al que se reconstruyeron los muros y las cubiertas, y también, «con carácter irreversible», lo que pasó en las columnas del Templo Romano. Hoy eso, argumenta Juan Murillo, no lo permite la ley, pero sí que se podría «con las nuevas tecnologías» conseguir que los visitantes de Medina Azahara conocieran en una pantalla cómo fueron las casas, patios, pórticos y puertas que tienen delante de sí. El futuro no ten= drá elementos tan espectaculares como los que se reconstruyeron hace unas décadas. En lo que coinciden todos los expertos consultados es en que el interés del futuro no estará en ningún elemento individual, sino en el conjunto. «Lo que es excepcional no es un elemento solo, sino conjunto, el que una ciudad califal que se construyó en el siglo X haya llegado al siglo XXI», recuerda el arquéologo. La forma en que vaya emergiendo seguirá siendo pausada.

 

 

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