Restaurante Bandolero

 

La Unesco lleva varios años amenazando a Venecia con degradarla. Como el funcionario cobarde que pretende arrancar las medallas al héroe. Ya hizo lo suyo en Dresde, por la construcción de un elegantísimo puente que no garantizaba la supervivencia de una especie de murciélagos autóctonos, cuestión sobre la que deben entender un montón los de la Unesco. Nada debe sorprendernos de una organización que estuvo dirigida por Mayor Zaragoza, personaje singular que parece haber cumplido su atribulada trayectoria presidiendo una checa en Córdoba. El Icomos es el ente que se inventó la Unesco para enredar en los asuntos del patrimonio histórico-artístico. O sea, un grupo de paniaguados internacionales que visitan ruinas, estiran el cuello y miran

con condescendencia a los locales, cuando no los reprenden por su insensibilidad cultural o por el exceso de campechanía con que tratan lo propio. Luego se van y emiten un informe, que suele acongojar a las autoridades del lugar, más que nada porque solicita inversiones que nadie está dispuesto a hacer. Quince años llevan nuestras administraciones mirándose de soslayo a ver si alguna   hacía un gesto que pudiera imitarse sin esfuerzo Al  y naturalmente sin dispendio. Es cierto que en el transcurso se han hecho cosas tales como licenciar a varios responsables del yacimiento, más aburridos y quemados que los atauriques al sol, y levantar o enterrar un museo virtual que suavizara la cruda realidad, incluso con goteras que hicieran pensar en otra cosa. Por ejemplo, en las que debieran tener y no tienen las casas de los odiados parcelistas, esos indígenas ofuscados que se atreven a acercar sus nuevos tejados a la ruina inmemorial, representando con ello, quizá inopinadamente, lo que en su momento pidio el viejo califa a sus compatriotas, que se viniesen a Medina Azahara para llenarla de vida y para que la nueva ciudad fuera una con Córdoba, tal vez porque no puede existir una ciudad sin ciudadanos que la nutran. Acaso por esta razón los nuevos tejados aguantan más y mejor que la ruina inmemorial. Y, por supuesto, más y mejor que la trinchera que se hizo la administración para guarecerse de su insolvencia No obstante, existe en el mundo una suerte de justicia poética por la cual la razón acaba asistiendo al que la tuvo primero. Tal es el caso de que el Icomos haya ofrecido ahora como solución del conflicto la que propusieron los vecinos de Las Pitas hace ya trece años: Una arboleda que ejerza como pantalla paisajística entre Medina Azahara y la urbanizaciones que supuestamente la cercan. 68 folios exahustivos justificaban ya en 2005, entre otros muchos pormenores, la eficacia de esta medida, no se bien si porque así se evitaba a los turistas la incómoda visión del pueblo llano o porque el pueblo llano podía prescindir de contemplar a diario el artificio cultural que tantos quebraderos de cabeza le estába ocasionando. El caso, en definitiva, es que el Icomos ha hecho un corta y pega y se ha puesto, por escrito, de parte de los parcelistas. Podrán enfocarlo de otra manera. Pero esto es lo que ha pasado.

 

 

Agencia Idea