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ADEMÁS de para permitir el paso de las procesiones y la fluidez de la nueva carrera oficial de la Semana Santa de Córdoba por ser un nuevo acceso, la segunda puerta de la Mezquita-Catedral de Córdoba ha sido una oportunidad para avanzar en el concimiento del monumento y en concreto en su subsuelo. Los arqueólogos Daniel Fernández y Raimundo Ortiz participaron en el I Congreso Internacional sobre Cultura Mozárabe con una comunicación en la que mostraron cómo han sido los trabajos de investigación en el subsuelo del vano que cierra la nave número 17 y dieron cuenta de algunos hallazgos que hasta ahora no se habían difundido. Lo más importante estuvo al final: restos de un edificio que se puede fechar en el siglo VI, en la cota más baja de las que se analizaron entre la primavera y el verano. Como explicaron, en el último nivel se han encontrado una serie de

rellenos de tierra de tono oscuro sobre zócalo de mampostería y dos muros que son perpendiculares entre sí. Son los restos de un edificio que han fechado en el siglo VI. ¿Forman parte de la basílica de San Vicente? Ni siquiera se refirieron a este templo, porque pertenecen a quienes no están seguros de que lbs mosaicos que se muestran a pocos metros, bajo el subsuelo de la Mezquita-Catedral, pertenezcan al templo que se menciona en los primeros siglos del cristianismo en Córdoba. Prefieren hablar de «complejo episcopal» a la espera de tener confirmación. Eso sí, recuerdan que el edificio que ha aparecido bajo el arco de la segunda puerta tiene varios puntos en común con el que se puede ver en el subsuelo. En primer lugar, que es la misma, y que no coincide con la que después tendría la Mezquita. La de este edificio cristiano sería Este a Oeste y la del monumento actual es de Norte a Sur, de forma que en absoluto coincidiría. También hay bastantes semejanzas en la cota en la que está. Las diferencias entre la profundidad de uno y otro están entre los y los 20 centímetros, con una media de 15. Los trabajos realizados bajo el vano no han supuesto retirar restos de construcciones ni destruir ninguna estructura inferior, sino que se han limitado a retirar el relleno con que se había llenado el vacío provocado por actuaciones anteriores, y se ha repuesto después de la misma forma. Así que tras retirar las losas, sacar la tierra y examinar todo lo que aparecía ha vuelto a su sitio y se ha tapado de nuevo. «Ha sido un trabajo muy minucioso, en el que se ha cribado casi gramo por gramo, para analizar todo lo que pudiera proporcionar información» en que se ha actuado con mucho rigor por la delicadeza de la zona y del edificio. Monedas árabes Pero también se ha estudiado con profusión una zona que no se levantaba desde las excavaciones que dirigió el arquitecto Félix Hernández en la década de 1930, cuando las técnicas para analizar lo que se encontraba eran mucho menos sofisticadas y precisas que las actuales. Sobre estos restos del siglo VI, lo siguiente es un pavimento con canto rodado y arenas lidiosas que se puede fechar entre los siglos VIII y IX. Es decir, correspondería a la primitiva Mezquita que levantó el emir Abderramán I. Pero también hay restos algo ante, riores, que son 25 o 30 monedas de época musulmana pero previas al año 785, que es cuando se comenzó con la construcción del que hoy es el principal monumento de la ciudad. Todo eso será lo que habrá que interpretar y estudiar para saber a qué corresponde. Los arqueológos se extendieron también en explicar algo que ya había adelantado ABC el pasado verano: las evidencias de la gran intervención que hubo al final de la Edad Media, en el siglo XV, para paliar los efectos de lo que podría ser «un colapso» o «un derrumbamiento» de la construcción. Para eso hay restos documentales, hallados por el canónigo y gran estudioso del templo, Manuel Nieto Cumplido, que halló los apuntes del gasto de la intervención, que sirvió para reconstruir el muro norte, que es el que se ve desde el Patio de los Naranjos, y por lo tanto donde está la segunda puerta. Algo más apuntaron lbs arqueólogos de esta intervención, y es que en la documentación se insiste en restaurar el edificio de forma que conserve sus elementos, «con una sensibilidad propia de la conservación que parecería del día de hoy». Tendría que ver con algunos defectos de conservación y de consolidación de la primitiva estructura, que obligó a reedificar por completo esta zona, y de ello ha quedado evidencia bajo el subsuelo. Estos retos están sobre dos cuerpos de época cristiana, dispuestos de este a oeste, y que se habrían sepultado allí tras la Reconquista. Corresponden a dos varones, uno de entre 20 y 25 arios, que aparece seccionado por la mitad por la obra posterior, y otro que rondaría la cuarentena.

 

 

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