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El Beato Alvaro de Córdoba nació seguramente en Zamora en 1360 —aunque no hay total certeza— y murió en Córdoba en 1430. Se hizo religioso dominico, ingresando en el Convento de San Pablo en Córdoba en 1368. Coincidió su vida con unos tiempos muy difíciles para la Iglesia, el llamado Cisma de Occidente. Es el tiempo en que dos e incluso tres obispos se disputaron la autoridad papal (1378-1417). Por otro lado, la peste negra, que hizo mella también en los conventos, dejándolos casi sin frailes y debido a esto se admitieron en ellos hombres de poca tensión espiritual.



PROFESOR Y MISIONERO
Alvaro dedicó parte de su vida a la enseñanza en la Universidad de Salamanca, pero ante el panorama del Cisma y de la decadencia de la vida cristiana se lanzó a ser misionero en varias ciudades de España y en Italia. Otros dominicos optaron por esta misma vida y así la Orden de Predicadores ofrece un magnífico santoral: San Vicente Ferrer (1419), San Antonino de Florencia (1459), Beato Juan Dominici (1419), Beato Alvaro de Córdoba (1430), Beato Andrés Abelloni (1450), etc.

 

A LA VUELTA DE TIERRA SANTA, FUNDA ESCALACELI
Fray Alvaro de Córdoba dedicó toda su vida y sus esfuerzos a la reforma de la Iglesia. Después de peregrinar a Tierra Santa, es elegido confesor de la reina Catalina y de su hijo Juan II. Dejó rápidamente su huella en la Corte de Castilla, la cual reformó profundamente. Pero fray Alvaro dice adiós a la corte y vuelve a Córdoba para fundar, en mitad de la Sierra Morena, Escalaceli. Junto a este convento, apoyado por el rey don Juan y por el Papa Martín V fundó una docena de conventos observantes.

EL PRIMER VIACRUCIS DE EUROPA
A fray Alvaro el convento de Escalaceli -Escalen del cielo- le recuerda la topografía de Jerusalén, tan pegada al alma del dominico desde los días de su peregrinación a los Santos Lugares. Por ello, en la serranía cordobesa se construyó el primer Vía crucis de Europa. Fray Alvaro era devotísimo de la pasión del Señor. Uno de sus biógrafos -Alvaro Huerga, OP- escribe: "pasado el valle por el que se precipitan las aguas serranas, levantó una capilla que bautizó con el nombre de "Cueva de Getsemaní"; al valle lo llamó "Torrente Cedrón"; pero hay más: desde el convento —Jerusalén cordobesa— hasta un montecico situado al sur y que dista, como han podido apreciar los técnicos, tanto como el lugar de la crucifixión de la Ciudad Santa, edificó una serie de estaciones que terminaban en el "Calvario", donde puso tres cruces. Otras capillitas construyó en torno a Escalaceli, conmemorativas de lugares santos; pero interesa, sobre todo, destacar el Vía crucis".

 

Agencia Idea