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María de Aragón fue la penúltima hija de los Reyes Católicos. La infanta vino al mundo el 29 de junio de 1482 en Córdoba, coincidiendo con el inicio de la guerra de Granada. La reina Isabel se obstinaba en cabalgar, aunque estuviese embarazada. Y éste era doble, porque nació María con bajo peso y el otro bebé murió. Es la hija menos conocida de los Reyes Católicos, a diferencia de sus hermanas -Juana y Catalina-, que han inspirado el cine y la literatura e hicieron historia en los países en los que les tocó gobernar.
El nacimiento de la infanta fue celebrado en la ciudad califal con varios días de fiestas. De hecho, la primera corrida de toros documentada en Córdoba es la que se celebró para festejar su nacimiento. María fue bautizada en la catedral de Córdoba el 7 de julio. Recibió al igual que sus hermanos una esmerada educación, de la mano de importantes eruditos comoAlejandro Giraldino y Andrés de Miranda, y bajo la supervisión de la soberana,

empeñada en que todos, sin distinción de sexo, tuvieran conocimientos en lenguas, historia o humanidades para hacer de ellos importantes reyes o reinas consortes dignos de"los tiempos modernos". María destacó por su conocimiento de la literatura y de las lenguas clásicas.
Era una joven de tez clara, ojos azules y pelo rubio rojizo o castaño, delgada y alta. Había heredado los rasgos de la familia Trastámara. Amable, tranquila y compasiva. Jugaría el papel de reserva en las planeadas alianzas estratégicas de los Reyes Católicos.
Se pensó en casarla con un príncipe napolitano o con el rey Jacobo IV de Escocia. Al final, con 13 años, fue la primera opción, tras subir al trono Manuel I de Portugal el Afortunado, pero éste exigió el cumplimiento del Tratado de Alcaçovas, que había establecido el matrimonio entre el heredero del trono portugués y la primogénita, Isabel, de 26 años.
Tras la muerte de ésta al dar a luz al príncipe Miguel, llamado el de la Paz, María volvería a ser una buena opción y tras conseguir la oportunas dispensas del Papa, y entre otras negociaciones comprometerse a derribar mezquitas y a prohibir el culto islámico en su reino, para satisfacer el celo religioso de sus suegros. A los 17 años, el 30 de octubre de 1500 se casaron. En noviembre, María entraba en Lisboa como reina de Portugal.
Vivieron un tiempo de esplendor. El Renacimiento llegó a la Corte dando forma al llamado estilo manuelino, expresión del gótico flamígero portugués. Ejercieron como emperadores de las nuevas tierras conquistadas. El mismo año de su boda Padro Alvares Cabral llegó a Brasil y hasta 1510, cuando Alfonso de Alburquerque, virrey de la India, ocupó la ciudad de Goa, su Imperio experimentó un continuo crecimiento. Fue una fervorosa partidaria del proyecto imperial manuelino de destruir las ciudades santas islamitas de La Meca y Medina, anexar el Imperio mameluco y conquistar los lugares santos de la cristiandad, especialmente Jerusalén.
Se ganó el amor del rey Manuel, el cual le fue fiel en una época donde los reyes mantenían múltiples amantes. Tuvo diez hijos, de los cuales ocho llegaron a adultos. La reina María no tuvo gran influencia política, vivía de forma plácida y sin involucrarse en tareas gubernamentales, pero sus hijos lograrían destacar en la historia.
Protagonizaron ambos un reinado caracterizado por la piedad, pero también tendrían su capítulo negro, al ser Manuel notablemente intolerante con los musulmanes y judíos de Portugal, como quedó demostrado en la masacre del 19 de abril de 1506, en la que cerca de 4.000 judíos fueron asesinados por las turba. Intolerancia motivada quizás, entre otras,porque su cuarto hijo -Luis- se casó en secreto con una mujer judía.
La salud de María se complicaría debido a las secuelas de su último parto. Moría a los 35 años (el 7 de marzo de 1517), dejando un largo testamento. Donó dinero para que se dieran 5.000 mil misas por su alma, se vistieran 50 pobres y se casaran varias huérfanas. Pedía igualmente la liberación de cautivos o el perdón de las deudas a sus criados, rogaba que sus hijas se casaran con reyes o con hijos legítimos de reyes. De no ser así, prefería que se casaran con Dios.
En principio, el rey Manuel, sumido en una profunda pena, pudo sopesar la posibilidad de abdicar. Pero ello no le impidióinclinar sus deseos hacia un nuevo matrimonio con la sobrina de su difunta esposa y prometida de su hijo, Leonor de Austria.
Los restos de la reina cordobesa descansan junto al monarca portugués, en el monasterio de los Jerónimos de Belém, en Lisboa.

 

 

Agencia Idea