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Más que contemplar cuadros, comprender una época; más que admirar la pintura, saber por qué y cómo se hizo; más que sumar un nombre, averiguar en qué trabajó y cuál fue su grandeza. La más reciente de las grandes exposiciones que Córdoba dedica a su pintor barroco, Antonio del Castillo, en el cuarto centenario de su nacimiento, ya se puede conocer, y con ella un recorrido que permite asomarse a algo más que la obra del artista. La consejera de Cultura, Rosa Aguilar, inauguró ayer la muestra «Antonio del Castillo en el Museo de Bellas Artes de Córdoba», que consagra la importancia que las obras del pintor han tenido en el centro cultural. «Lo que hacemos es un acto de justicia con nuestro pintor barroco por excelencia yen su casa, en el museo», dijo la consejera de Cultura. La exposición se ha planteado como un recorrido temático por 23 pinturas de Antonio del Castillo y de sus seguidores y con 28 dibujos, una de las facetas en que más destacó.


Los espectadores podrán conocer primero su época, la coexistencia con grandes maestros como Alonso Cano, Zurbarán y Murillo, pero también se conocerá su ambiente artístico y se explicarán sus aportaciones y su voluntad de buscar la realidad natural. Por eso una de las salas mostrará obras de Cristóbal Vela y Juan Luis Zambrano, contemporáneos con los que entró en competencia, pero que también contribuyeron a crear el ambiente artístico en que todos trabajaron. Gran testimonio de ello es un libro de Juan de Arfe, «De varia conmesuración», un tratado artístico que tomaron todos los autores de la época y del que la exposición muestra un ejemplar, tratado como una joya por ser uno de los pocos que se conservan. La parte más espectacular de la exposición es la dedicada a los grandes encargos. En su sitio de siempre está el «Calvario de la Inquisición», una de las joyas del centro, además de las que hizo para los conventos y para el propio hospital de la Caridad, donde ahora está el museo. Por eso el espectador puede admirar los cuadros de San Pedro y San Pablo o la serie que hizo para el convento dominico de San Pablo, y que terminaron en el museo tras la desamortización. El que muestra la presentación de Santo Domingo a San Pablo de esta fundación es uno de los más espectaculares, pero también hay una amplia serie de santos de la Orden de Predicadores y otro muy original con Santa María Magdalena y Santa Catalina de Alejandría.
Bocetos y estudios La exposición abunda en los dibujos, un arte en el que Antonio del Castillo fue de los autores más importantes de su época. Una de las áreas muestra los bocetos con que preparaba sus obras, los gestos y las posiciones, pero también los paños y tejidos. Son ángeles, símbolos y diseños que luego se unen para ir dando forma a obras magnas, como la «Coronación de la Virgen». También hay una parte dedicada a dibujos en que estudió a los animales, donde no falta el caballo que sirvió de inspiración al potro de la fuente de la plaza del mismo nombre. La parte «Otros encargos» recoge obras de temas bíblicos, pero donde el autor muestra su querencia por el paisaje y donde la vegetación y el entorno son protagonistas al mismo nivel que la escena, como en «Paisaje con San Juan Bautista niño dormido». La exposición termina con las obras de otros autores que muestran su influencia posterior. Entre ellos, Acisclo Antonio Palomino, que hace de guía para el espectador con sus testimonios sobre Antonio del Castillo.

 

 

Agencia Idea