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Medicina A este respecto nos informa un manuscrito del siglo X que señalado con el número 882 antiguo y 887 moderno y que se encuentra en la biblioteca de S.L. de EL ESCORIAL, del cual nos habla Fidel Fernández en su obra «La Medicina Árabe en España», éste describe cómo, perfectamente en la Madrazá de la Mezquita Cordobesa se «explicaba medicina, al mismo tiempo que otras ciencias» convirtiéndose ésta en auténtica academia donde se daba lección a los iniciados, citando, el mismo manuscrito que, los propios líderes políticos asistían a ellas para escuchar las conferencias de los sabios o participar en el jurado que iba a presidir los exámenes para obtener el título de médico después de que hubiera realizado prácticas con los enfermos del hospital.

 

Es esta la razón por la cual -sigue diciendo Fidel Fernández en la obra, realmente singular para conocer la medicina árabe en España-, «de este modo, mientras Europa permanecía bárbara y salvaje, era Córdoba el cerebro de todo el mundo conocido, y desde ella irradiaba a otras naciones la cultura, que mantenía en escuelas sabiamente regidas -como nuestra Madráza y con espléndidas subvenciones y privilegios-».

Es evidente asimismo que, en este estudio nos veamos obligados a citar nombres de médicos por su relevancia hay que encuadrarles en un período anterior al célebre dictador Almanzor, razón por la cual no podemos identificar la Escuela de Moslama a la que pertenecieron los médicos de los que vamos a hablar, radicaba exactamente en la cuarta parte de nuestra Mezquita, pero sí, en cualquiera de las tres anteriores o bien en otro edificio similar a como se haría después en Granada, en la época de Yusuf (S. XIV), edificio que fue propiedad particular de Don Juan Echevarria.

Siguiendo un orden cronológico de estas figuras, el primero que hay que citar es Abul Casis que sin saber en qué fecha exacta nació sirve de puente en la Medicina Cordobesa para Abderraman III, su hijo Alhajan II muriendo en el año 1013 después de haber sido médico incluso del niño Ibn Amir que más tarde será llamado Almanzor.

A este respecto Fidel Fernández nos dice que «La fama de Abul Casis no ha sido superada por ningún médico español. Sus escritos que abarcan casi todos los puntos de la medicina, se encuentran por centenares y algunos de ellos tuvieron tanta importancia, repercusión y trascendencia, que durante muchos siglos giró alrededor de ellos toda la Medicina de Europa, utilizándose sus traducciones como textos en todas las Universidades...».

La obra fundamental de Abul Casis es un cuerpo de libros que se denomina Altarif, cuyo significado dado la importancia de su estudio -dice Fidel Fernández- es la «ENCICLOPEDIA DE LA MEDICINA».

Sin embargo, no fue solamente el médico que dictamina tal o cual enfermedad y manda medicamentos para que se cure el enfermo, fue el padre de las ESPECIALIDADES, explicando siempre la diferencia entre medicina externa e interna, además de ser el primer hombre en el mudo que practicó seriamente la Medicina quirúrgica, haciendo de ésta una ciencia distinta basada en los conocimientos anatómicos ligando arterias, extrayendo pólipos, haciendo litotricias en mujeres y tallas perineales en ambos sexos. Utilizó fórceps de varios tipos, con el denominador común de tener dentados los bordes para que en el momento del parto,en la mujer, el feto no se soltara, creando por tanto un arte nuevo en la medicina a la que supo enaltecer con su genio dotándola de reglas técnicas e instrumental inventado y dibujado por él en su obra Altarif o Tesrif, nombre con el cual igualmente se le conoce.

Coetáneo al anterior fue Ibn Chaprut Hasday, judío de religión pero árabe de cultura, llegó a ser no sólo el médico de cabecera de Al-Haken II, sino su tesorero y por tanto Ministro de hacienda en la Corte Califal cordobesa por lo cual hay que estudiarle entre los grandes doctores del momento, impartiendo clases de su especialidad que en este caso fue el METABOLISMO o curas de adelgazamiento, haciéndose famoso entre los cristianos por la cura practicada al Rey Don Sancho I de León, quien al haber sido destituido de su cargo como tal monarca por su extremada gordura, se le apellidaba. El Graso, vino a la Corte Califal acompañado de su abuela Doña Tota, reina de Navarra, en busca del citado médico Hasday Ibn Chaprut que a la petición de los monarcas cristianos y con permiso del Califa Este le curó de su enfermedad.

 

Agencia Idea