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Filosofía En este campo, antes de citar al filósofo más representativo de la Córdoba musulmana, Averroes, del que ya hablaremos en el Próximo capítulo, ya que, no se debe a olvidar nuestro estudio de la enseñanza en la MADRAZA, le estamos desarrollando de una manera cronológica, hemos de mencionar ante todo y sobre todo a Ibn Hazam del que ya dijimos, describió mejor que nadie, en un pasaje de su obra: El Collar de la Paloma, las escenas de sus estudios en esta Institución.

 

 

Ibn Hazam nación en Córdoba en el seno de una familia aristocrática, ya que su padre era visir del citado dictador, razón por la que pudo recibir las enseñanzas de los más célebres maestros de la corte califal en todas las disciplinas de Hadi que compone de historia, derecho, medicina, literatura y sobre todo filosofía, siendo en ésta última materia en la que más profundizó, aunque su obra literaria, de la que hablaremos después cuando lleguemos a esta enseñanza le haya hecho igualmente famoso.

Después que en el 1013 se produce la caída de los Omeyas, el citado filósofo se dedica al estudio de Platón y siguiendo el estilo de la filosofía dialogada como en el mito de «Banquete» Ibn Hazam resume su filosofía en la creencia de que Dios (Allah) ha creado cada espíritu dándole una forma esférica, dividiendolo a continuación en dos partes, colocando cada mitad de un cuerpo. Luego, el secreto del amor reside en la reunión de estas dos mitades de su totalidad inicial. Por Ibn Hazam, la idea de la pre-existencia de las almas está además expresamente afirmada por la doctrina del profeta Mahoma.

En esta filosofía del poeta cordobés, por tanto, se ve claramente una reminiscencia del Fedro Plutoniano, cuando al escribir las causas por las cuales nace el amor escribe de la siguiente manera: «El amor tiene forma bella, porque el alma es igualmente bella y desea apasionadamente todo cuanto es bello, inclinándose sólo a las imágenes perfectas.

Si ve una imagen así, se fija en ella; y si discierne luego en esa imagen algo de su propia naturaleza, se siente irresistiblemente atraída y surge entonces el amor en su sentido verdadero. Y si no discierne en la imagen algo de su propia naturaleza, su afecto no irá más allá de la forma y de la sombra...».

No es necesario recalcar, pienso, a tenor de lo leído que su filosofía, explicada en este lugar de enseñanza que él mismo describe, como ya dijimos, no sólo alcanza en el orden geográfico una gran magnitud que después recogerán los Escolásticos, sino una gran profundidad espiritual en su tema y en su forma conectada más tarde con la religión de amor que profesarán más tarde los Sufies.

 

Agencia Idea