Restaurante Bandolero

 

 

Artes plásticas El alto nivel que parecen haber alcanzado en la capital bética es exponente de varios hechos. En primer lugar, se pone de manifiesto el desarrollado sentimiento  artístico, la sensibilidad, el refinado gusto de la clase aristocrática cordobesa. Luego queda patente su alto potencial económico, su afecto por el lujo, desplegados fastuosamente tanto en las mansiones particulares como en los principales edificios públicos de la colonia.

 

 

De ello hablan los numerosos restos de cornisas, frisos con bellas guirnaldas, capiteles, adornos, columnas, pilastras, etc., que han ido apareciendo desperdigados por diversos lugares de la ciudad, así como los hallazgos escultóricos, de una calidad comparable a la que podemos encontrar en cualquier otra ciudad importante del Imperio romano. Esto nos indica, igualmente, que en Córdoba, y quizás en otros lugares de su entorno territorial, existieron talleres escultóricos de categoría, que trabajaban para atender las demandas de esa clase adinerada, que a través de las bellas esculturas no solamente manifestaba su piedad hacia los dioses, su fidelidad a la casa imperial o su buen gusto decorativo, sino que hacia también ostentación de su riqueza.

Esos talleres provincianos demuestran estar muy al tanto de los gustos y corrientes artísticas imperantes, en géneros incluso muy especializados como la tradicional retratística romana. Córdoba, por su importancia, pudo incluso haber atraído a artistas de primera fila, que tanto aquí como en Hispalis o Itálica encontrarían amplias posibilidades para prosperar. También parece evidente, a tenor de las piezas escultóricas encontradas, que hasta esta zona del Imperio llegaban con fuerza las modas estéticas exportadas por Italia a las demás provincias, siendo probable que algunos de los objetos artísticos aquí aparecidos fuesen de importación. Lógicamente este auge de las artes plásticas estimuló un activo comercio de materiales, poniéndose en explotación las canteras de la Sierra. El  mármol, que como material escultórico fue sustituyendo a la tradicional piedra arenisca del país, fue traído frecuentemente desde el exterior o desde áreas hispanas, como las de Cabra y Macael (Almería), que ya entonces se distinguían en este aspecto.

 

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