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Lucano La otra gran gloria de las letras cordobesas es el poeta Lucano. Pertenecía a la familia de los Annaei, puesto que era nieto de Séneca el Retórico y sobrino de Séneca el Filósofo. Llevado muy joven a Roma, recibió allí una espléndida educación bajo la dirección del filósofo estoico Cornuto, que completó con una estancia en Grecia. Llamado por Nerón, con quien la familia Séneca estaba por aquel entonces en buenas relaciones, intervino en los juegos quinquenales, donde pronunció un elogio del emperador siendo laureado.

 

 

Esta amistad le valió la cuestura en el 61 y quizás el augurado. Pronto sobrevendría, sin embargo, la enemistad entre Lucano y Nerón, a causa de los celos literarios  del segundo, que no podía permitir la rápida fama adquirida tempranamente por el joven vate de Córdoba. Lucano rompió con la corte probablemente por la misma época en que su tío hacía lo mismo, como el resto de la familia. Descubierta la conjuración de Pisónen el 65, en la que Lucano se había comprometido por motivos personales, Nerón ordenó su muerte, que el poeta asumió dignamente, ordenando a un médico que le abriera las venas.

Ese momento supremo lo vivió Lucano recitando pasajes de la obra que le ha inmortalizado dentro de las letras latinas, la «Farsalia», poema épico que, continuando una tradición muy del gusto romano, describe en diez libros la guerra civil entre Pompeyo y César. Para redactarlo Lucano utilizó su amplia erudición histórica, en la que contaban tanto la gran obra de Tito Livio como la desconocida Historia compuesta por su abuelo, evitando la intervención de elementos irracionales de carácter legendario y mitológico. Muchas de las ideas imperantes en el círculo cultural de los Anneos están también presentes en esta epopeya histórica, en la que se van desgranando los sucesivos episodios del conflicto civil hasta culminar en la batalla de Farsalia, cuya descripción ocupa todo el libro VII. A lo largo del poema se ponen en evidencia tanto su concepción estoica del mundo y del devenir histórico, como la añoranza de los viejos tiempos republicanos. La figura de César, por tanto, es perfilada con rasgos más bien negativos que no pueden ocultar, sin embargo, algunas de las virtudes del gran estadista. Frente a él Pompeyo representa la legalidad, la observancia de la constitución, pero aunque el poeta trata de realzar su personalidad, tampoco puede ocultar sus debilidades.

Entre ambos protagonistas es Catón quien realmente encarna la verdadera grandeza humana. La «Farsalia» no dejó de ser una obra valiente, por cuanto comprometió a su autor con un pasado histórico reciente y decisivo para la ulterior existencia de Roma.

 

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