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Séneca literario Como literario Séneca no parece haber sido un autor excesivamente preocupado por la composición, y siempre suele incrementar el plan original de sus escritos con digresiones sobre variados temas, que ponen de relieve su extraordinaria capacidad de improvisación. La versatilidad de su vida se pone de manifiesto en algunas de sus obras.

 

 

Además de la «Apokolokyntosis», que es una dura sátira contra el emperador Claudio, únicamente se nos han conservado algunas tragedias y gran parte de sus obras filosóficas.

Desde el destierro en Córcega escribió sendas Consolaciones, una a su madre Helvia, en la que con profunda emoción trata de convencerla de que el destierro no puede afectar la condición del hombre sabio, y otra llena de adulación a Politibio, el poderoso liberto de Claudio, para que intercediese ante el príncipe a fin de que le fuese levantada la condena, en lo que no tuvo éxito. Como filósofo, Séneca produjo una obra variada, cuya finalidad era ayudar a sus allegados a conseguir una conducta moralmente digna.

Siguiendo las directrices marcadas por los estoicos, se preocupó hondamente por las cuestiones éticas, no a nivel teórico, sino con una intención esencialmente práctica, de tal forma que su sutileza y capacidad psicológica llegan a penetrar profundamente en los recovecos vitales de aquella agitada sociedad en la que se halló inmerso. Para él la filosofía marcaba un camino seguro a la felicidad, a la tranquilidad del alma. Cuando trata de cuestiones físicas, estudia los fenómenos (rayo, terremoto, viento, etc.) con la intención de liberar al hombre del temor ante las manifestaciones de la naturaleza, no con una proyección empírica. También se planteó problemas teológicos. Su visión de un Dios creador, providente, sabio y ordenador del mundo, es básicamente estoica.

Es en sus tratados éticos donde mejor puede observarse cómo condicionaron su personalidad tanto su formación filosófica como los azares de su trayectoria pública. A la muerte de Caligula escribió un tratado De ira. Tras retornar del destierro compuso el De Béviate vital sobre un problema que empezaba a obsesionarle, la brevedad de la existencia humana. En la época siguiente, estando ya en los cincuenta, la figura de Séneca brilló en los círculos políticos como preceptor de Nerón. Fue entonces cuando en el De clementia dio forma a sus teorías sobre el gobierno del Imperio romano. El insigne cordobés, perteneciente a una familia de profundas convicciones republicanas, se muestra aquí poco teórico de la ideología imperial, del poder absoluto del príncipe, solamente contrarrestado por la virtud de la clemencia. A quines le criticaban su escandalosa fortuna respondió Séneca con el De Vita beata, poniendo de relieve que la felicidad no radicaba en el placer, bien usada, y no siendo un fin en sí misma, podía ayudar a alcanzar la virtud. Cuando rompió con Nerón y su estrella declinó, el filósofo, dedicado a la búsqueda de la paz interior, compuso el De tranquillitate animi. Esos últimos años de su vida fueron fecundos, y así surgieron el De otio, el De Beneficiis, sobre el problema del bien obrar, las Epistulae morales a Lucilio, donde vuelve a muchos temas de sus tratados, especialmente el de la muerte, planteando el derecho humano a disponer de la propia vida por motivos éticos justificables. Séneca nos sorprende, incluso al tratar el problema de la dignidad humana, que reconoce también en los esclavos.

 

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