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Séneca La gran figura de la intelectualidad cordobesa, aunque cordobeses fuesen realmente sólo su nacimiento y su primera educación, es Séneca el Filósofo, de cuyas ideas fundamentales y producción literaria exponemos una breve semblanza. Como ya hemos indicado, en su formación espiritual tuvo gran importancia el ambiente familiar, tanto en Córdoba como posteriormente en la Urbs, una vez que el clan se instaló definitivamente en la capital del Imperio. En Roma estudió con gramáticos y retores, posiblemente amigos de su padre. Su conocimiento profundo de los clásicos le dio un gran dominio de la lengua. En cuanto a su formación filosófica, la adquirió frecuentando las escuelas de moda entonces. Asistió a las clases del pitagórico Soción, del estoico Attalo y del cínico Demetrio. Se inclinaría por el estoicismo, aunque su padre intentó captarlo para las tareas retóricas. Su vida alternó, pues, una profunda dedicación al estudio y la entrega como abogado a las lides políticas, siendo su producción literaria un claro reflejo de las diversas alternativas que se fueron proyectando sobre su trayectoria existencial.

De su importante obra solemne se conserva una parte. Séneca cultivó diversos géneros, pero no nos han llegado ni sus discursos, ni tampoco sus tratados científicos sobre geografía y ciencias naturales, salvo los siete libros sobre cuestiones naturales  (Problemas físicos). En cuanto a su obra poética. Entre los que se incluyen en la «Antología Latina», que son adscritos a Séneca bien por los manuscritos, o más a menudo por los filósofos, figura la oda titulada De se ad patriam, que se supone escribió el filósofo durante su exilio en Córcega. En esta composición dedicada a Córdoba  se alude a algunos acontecimientos que debieron dejar honda impronta en los anales de la ciudad, y cuyo recuerdo habría llegado a conservarse largo tiempo (los ataques lusitanos contra la Ulterior, la guerra civil entre César y Pompeyo, algunas catástrofes). Es una típica «lamentación de exilio» sobre la lejana patria chica en que, por lo demás, apenas debió recargar Séneca tras su temprana partida.

 

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