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Otra de las collaciones más importantes de la Córdoba Bajo Medieval Cristiana y situada en el corazón de la Ajerquía es esta de San Pedro.

La parroquia se sitúa en la confluencia de las calles de San Bartolomé, prolongación de la C/ Puerta Nueva, llamada de la muralla. Siguiendo el plano de los franceses sabemos, que esta muralla arrancaba la C/ Baeza, correspondiente a la puerta del mismo nombre, prolongándose hasta la C/ Sol.

San Pedro Otra calle igualmente importante de este período en esta collación era la C/ Amazonas, antiguas Cámaras Altas y hoy Gutiérrez de los Ríos.

Identificada urbanísticamente ya dicha collación tenemos la obligación ahora de describir su iglesia parroquial, ya que esta es, a decir verdad, una de las más importantes que en su origen, hay que identificar con las realizadas tras la toma de la ciudad por el Rey Fernando III.

En un breve resumen histórico diremos que la construcción debió de iniciarse a fines del siglo XIII, desgraciadamente, no hemos encontrado documento alguno rnán Ruiz II, finalmente, le supo dar carácter renacentista a la portada principal.

Sabemos que, fue muy restaurada en el siglo XVIII, y la última restauración del siglo XX, ha sido aprovechada para quitarle los excesos barrocos que la afeaban, y de aquí que hoy, sea un ejemplo bellísimo de arquitectura en la transición románico-gótica y renacentista. Su fachada principal, al más puro estilo del Renacimiento se construyó en 1542, realizada por el ya citado Hernán Ruiz II. Es la época del Obispo Leopoldo de Austria.

San Pedro Divida en dos cuerpos, el más bajo e importante tiene un arco triunfal, acompañado de hornacinas y columnas que sirven de soporte a un templete, en el que al estilo del tratadista italiano Paladio, Hernán Ruiz nos ha colocado la escultura de San Pedro, titular de la parroquia. Las portadas laterales son muy sencillas, recordando a las de San Lorenzo, es decir, de finales del siglo XIII, y en ellas vemos arcos apuntados con la clásica rosca de moldura o moldurada por baquetones que están separadas entre sí por una gran escocia y extradós perfectamente delimitado por otros dos baquetones en escalón.

Son interesantes desde el punto de vista arquitectónico sus jambas escalonadas y por encima su tejaroz sobre cornisa sostenido por modillones de seis rollos con una cinta lisa en medio que nos recuerda perfectamente la influencia califal.

Son importantes también en estas fachadas laterales que merecen ser vistas dando  la vuelta a todo su exterior, antes de entrar en el interior, los vanos de iluminación ya que, aunque se alteraron bastante durante la restauración, se conserva en ellos aún los ábsides primitivos de medio punto, mientras que los de la nave central eran góticos y apuntados.

Ya en el interior, en un intento de resumir brevemente lo más importante de la parroquia, nos encontramos, que desde el punto de vista artístico, lo más importante es el retablo del altar mayor, obra de Feliz Morales Negrete de 1732, formado por columnas sobre las cuales se apoyan ángeles que tocan la trompeta y que parecen estar llamándonos la atención para que nos fijemos en la parte central del mismo, donde se encuentra la Virgen de la Esperanza, obra del gran Alonso Gómez de Sandoval.

En este primer cuerpo del altar; se alternan pinturas y esculturas; tales cómo los arcángeles San Rafael y San Miguel, rodeados por pinturas que representan la Curación del paralítico, la Liberación de San Pedro, San Antonio Abad y ya en la parte superior, la Inmaculada en el centro y los santos Acisclo y Victoria, en el lateral izquierdo y Januario y Marcial en el lateral derecho.

El presbiterio está rodeado por una sillería interesante, en la que destacan sobre todo los tres sitiales centrales donde se representan la Entrega de llaves a San Pedro, mientras que en los muros se ven dos lienzos que representan la Inmaculada Concepción y la Adoración de los Pastores.

A ambos lados del altar mayor son de destacar igualmente sus ábsides, en los cuales, el de la derecha por ejemplo tiene un bello retablo manierista de mármol en el que se puede admirar un extraordinario Valdés Leal representando las Lágrimas de San Pedro fechado en 1657. En dos hornacinas encontramos las tallas de San Acisclo y Santa Victoria.

En el ábside de la izquierda encontramos las imágenes del Cristo de la Misericordia, obra anónima del siglo XVI y Ntra. Señora de las Lágrimas del siglo XVIII.

 

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