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Esta «collación» de San Miguel, la última a estudiar para una visita histórica-artística-turística y cultural en la Villa (antigua Medina árabe), es, posiblemente, la más interesante, dada la situación que ocupa. Está construida sobre el antiguo Foro Romano y a su vez, en el cruce del Cardus y Decamus de la Córdoba, Capital de la Ulterior primero y de la Bética después, en época Imperial.

San Miguel En el ya citado plano de los Franceses de 1811, este barrio fernandino ocupaba las calles actuales de Ramírez de Arellano hacia la Puerta Osario, antigua Puerta de entrada al barrio judío de la Alta Edad Media y destruido por los Almohades en el siglo XII, regresando a la C/ San Zoilo, C/ Tinte, actual Góngora, C/ Abades, actual San Álvaro, y C/ de los Barqueros, aunque esta última, como varias más señaladas en dicho plano, no tienen nombre alguno.

La citada parroquia, instituida en su collación a partir del año 1236 por Fernando III, se construye en el mismo lugar de una mezquita, tal cómo se ha podido comprobar perfectamente, al aparecer muchos restos en distintas excavaciones realizadas.

No obstante, a través de la documentación manejada, sabemos que la construcción se inició a finales del siglo XIII y perduró hasta el siglo XV. Durante los siglos XVII y XVIII se hicieron múltiples restauraciones, añadidos y modificaciones hasta que ya en el siglo XIX la última restauración favoreció la recuperación de su imagen, verdaderamente medieval, que al igual que la de Santa Marina, que estudiaremos más adelante, conservan mejor que ninguna otra, la impronta de la transición del auténtico románico al gótico primitivo.

La portada principal de San Miguel es de arco verdaderamente apuntado con arquivoltas simples y descansan sobre columnas, cuyos capiteles son vegetales, sobre un tejaroz existente con modillones que está flanqueado por un bello y singular rosetón.

Nada tiene que ver esto, con la torre añadida construida en 1749, con dos cuerpos de planta cuadrangular que sirve de campanario en sustitución del antiguo alminar.

La iglesia de planta rectangular, tiene tres naves, sin crucero, aunque con triple cabeza de forma poligonal.

Llama poderosamente la atención su arco toral apuntado y decorado con dientes y capiteles foliados.

A los lados del altar mayor existen dos ábsides. El ábside de la izquierda reformado en el siglo XVIII (1761), totalmente barroco, es el que guarda el Santísimo en su Sagrario, y el de la derecha, de forma poligonal tiene la antigua bóveda de crucería y de nervaduras lisas sobre ménsulas. La nave central, está techada con artesonado de madera y las laterales de yeserías barrocas.

El retablo mayor del presbítero realizado en mármol rojo de Cabra, lo realizaron Juan Navajas, Andrés Antonio del Pino y Toribio de Bada en 1701. Está reformado por dos calles, en la que la central, se encuentra el tabernáculo con imagen barroca del Crucificado y más arriba una talla de la Virgen. A la misma altura, a izquierda y derecha San Rafael y San Miguel, respectivamente, y San Antonio de Padua y San José, en el cuerpo inferior a la altura del templete del Crucificado ya citado.

En el Sagrario se ha de destacar el retablo barroco de 1760 realizado por Teodosio Sánchez Cañada, decorado con esculturas y pinturas que representan, en el primer cuerpo a la Inmaculada, San José, San Joaquín, Santa Ana y la Santa Cena, y en el segundo, la Oración en el Huerto, La Piedad, Pentecostés y San Antonio.

En el muro izquierdo se encuentran la Oración en el Huerto, La Aparición de San Rafael al Padre Róelas, San Marcos, San Pablo, San Lucas, y La Curación del leproso, mientras que, en el de la derecha, se ven La Anunciación, una escena Evangélica, La Virgen con los símbolos de La Pasión, y San Mateo, San Juan, San Acisclo, Santa Victoria, San Antonio y Santo Tomás, todos ellos, obras anónimas del siglo XVIII.

 

 

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